Jesús's profileUn vergel en medio de la...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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August 29 Arena finaLa fina arena de la playa se adhiere a mi cuerpo como pequeñas piedras preciosas de Verano, un pequeño placer, un pequeño fastidio de tan solo unos días a lo largo de todo el año. Brillan en colores amarillos y marrones dibujando en la estatua los pliegues de la armadura que se oculta debajo de nuestros disfrazes sociales. Entre los dedos, en las plantas, en los tobillos, en manos y brazos con su sabor a sal, a Mediterraneo puro.
El Sol sobre mi sombrilla deja un cielo más azul y un mar más transparente. En el entrar y salir gente del agua, en el romper danzante de las olas y la espuma que desaparece al llegar a tierra, existe la magia de las cosas que no son controladas, que son azarosas, que son bellas sin necesidad de adornos, como una joven sin pintalabios, pendientes o pinturas, limpia de todo lo artificial que crea el hombre. La naturaleza virgen y salvaje que se esconde detrás del hormigón y el asfalto; el arcoiris frente al gris y al negro. He debido perder mi iris, los colores de la vida no están encerrados entre cuatro paredes, han estado siempre aquí, y poco a poco los voy dejando de lado y olvidando. Lo original desvestido, sin mentiras, la verdad real que siempre es hermosa en su diversidad de formas.
Resuena el mar en el interior de una caracola, todo su inmensidad concentrada en la espiral calcarea que dejo de ser hogar de un molusco para ser refugio infinito de la melancolía de la costa. Mis orejas no retienen todos los sonidos y ruidos, todo lo que suena a mi alrededor. Ahora suena el retumbar de un cajón palmeado y los acordes de una guitarra española. La playa llena de vida dentro y fuera del agua. No hay letra, hablan los hombres y las mujeres en las ondas que emanan de forma ritmica de sus instrumentos. Suena a alegría, suena a fiesta, a Verano, a libertad. No deja de resonar el mar, y ahora es un pequeño perro negro que miraba concentrado fijamente el horizonte el que canta con un ladrido inesperado, asustado a no sabemos que novedad; falsa alarma, porque mueve el rabo gracilmente.
El espectador no sabe a donde orientar su mirada, ni sus oidos. Todos los sentidos se llenan, se colman, es como un vaso que tratara de coger todo el agua del oceano. Imposible, cada segundo más lleno que el anterior. Espectador parte de un paisaje temporal pero imperecedero, cambiante, transformandose, irrepetible, pero siempre en el baul de la memoria.
Estatua de arena ductil y flexible que se balancea tanto en mar como una barca como en tierra como la rama que nace a la orilla. Temería partirme por los vientos, las lluvias, los truenos, pero aquí nada me hiere. La sinfonía del oleaje me acuna tranquilamente como una madre a su cría. Aquí surgió la vida, entre Sol, Luna, Tierra y Agua, un Adán o una Eva decidió que el Jardín del Edén no necesitaba nada más.
Con la arena fina se podría construir un mundo nuevo cada día y que la marea lo deshiciera todas las noches para no vivir en la desidia de lo cotidiano. Un castillo con una torre muy alta para la princesa que espera aun la llegada de su caballero andante, una fortaleza de muros robustos para el solitario que no quiere ser parte del mundo, una pequeña cueva rodeada de canales conectado directamente con el mar para quien no tenga la paciencia y quiera ser el primero en montar de nuevo otra vida. Tantas construcciones de arena como personas. No creer más que en la seguridad de que no hay nada eterno, que esa seguridad nos haga ser diferentes y vivir como si cada día fuera el último.
Lástima que tenga que abandonar la playa, y lo peor, desprenderme del tesoro pegado a mi piel, sacudirme toda la arena que se ha pegado a mi cuerpo. |
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