Jesús's profileUn vergel en medio de la...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
January 27 Un contorno en la esquinaAcurrucado junto al portal esperé en la helada noche acompañado de Paul y John a que te hicieras visible. Mi precipitación y mis ganas no hallaron el efecto sorpresa que suponía. Encogido de miembros en una pequeña esquina con la cabeza pegada al pecho embutido en mi cazadora me escondía de los fríos soplos desapacibles que estos días asustan al más fiero. Las palmeras con su tronco en imposible curva y las copas de los árboles en ostentosos balanceos daban la impresión de poder ser arrancados de la tierra en cualquier momento, y como ellos, yo me agarraba al suelo tan solo lo suficiente para tenerte en frente.
El paisaje, a la luz de las farolas de la calle, monótono y aburrido tan solo dejaba ver una brillante estrella en lo alto, justo en el filo de las cornisas de la línea de edificios en la que me refugiaba como un mendigo.
En mis oídos la auténtica música que conocí casualmente mutada en oraciones y salmos de los coros de la iglesia donde me dieron la Primera Comunión. Los originales son mucho mejores que los artificios de una degenerada versión católica apostólica y romana. Esa compañía fabulosa que nunca acaba de aburrirme y que deshace el tic-tac del reloj me abstraía de ese ambiente hostil que me obligaba a cerrar los puños y apretar los dientes, mientras por otro lado la melodía me difundía un cálido sentir que adormecía mis párpados y relajaba mis labios.
El tiempo allí pasado no se contarlo, pero pronto llegaste y mi poco juicio desconectó de todo cuanto a mi alrededor estaba para estar solo pendiente de ti. Ni estrellas, ni viento, ni farolas, ni árboles, ni nada más.
Y todavía eres capaz de preocuparte por hacerme esperar, mientras que yo podría quedarme mucho más tiempo. ¡Qué tontería! January 11 Mininos CaserosLos gatos que merodeaban por mi casa son cada vez más esquivos y menos numerosos, un referencia viva que avisa de forma alarmante sobre el cambio radical que ha sufrido el tradicional ambiente de la huerta murciana. Como en al caso no tan distante del Lince Ibérico, los gatos domésticos de campo sirven como marcadores para entender las importantes modificaciones que hemos provocado a nuestro alrededor en poco tiempo es pos de la civilización.
Sin prestarles mucha atención, como siempre ha sido, solamente han logrado aguantar la presión humana apenas un par de ejemplares no muy lozanos en esa semilibertad acordada, cuando no hace tantos años era posible tener a la vez en las cercanías de cada casa una gata amamantando a su camada de gatitos.
Su ancestral misión era sencilla, la misma que ahora parece faltarles, cumplir el contrato que según los historiadores firmaron con el ser humano en las puertas de algún granero del Egipto de los Faraones: Proteger las viviendas y sobre todo las despensas de roedores, pájaros y otros pequeños ladrones a cambio de techo y algún que otro resto de comida en las épocas de falta de trabajo. Desde las orillas del Nilo proliferaron por su buen hacer alcanzando todos los confines de la Tierra acompañándonos hasta la actualidad, pero por el camino transformándose en algo que en parte es animal y en parte algo distinto resultado de la unión existente desde hace millones de años. Una ligera mutación que les ha permitido prosperar.
Ahora muchos de sus hermanos felinos más sofisticados y perezosos han comprado pisos, chalets, dúplex a base de arrumacos, ronroneos, maullidos y juegos, olvidándose en parte el instinto, y dejando a sus pobres familiares del campo olvidados. Mientras los urbanitas tienen asegurado el plato lleno todos los días, aquí deben buscar y rebuscar duramente entre nuestras pertenencias para poder llevarse algo a la boca.
Ya no se cultivan cereales en los bancales, ya no se ven acequias por las que corra continuamente el agua, ya no hay cuadras de cerdos o vacas, no existen pajares, no queda apenas nada de la identidad rural de la huerta, ni tan siquiera el gato atigrado tomando el Sol en el porche. El asfalto y el hormigón acaban con todo lo que suene a vida, y por si fuera poco, además los coches multiplicados en carreteras cierran sus territorios de trabajo convirtiéndose en mortíferos peligros.
¿Cómo recuperar los Linces, ¡ejem! Digo … los gatos de campo?
P.D.: Mi perra Kiara no entiende cómo puedo pensar en gatos. Yo la verdad que tampoco lo sé, pero ella debería entender que si no existieran, no podría correr detrás de ningún animal. January 10 NegaciónEl suspiro helado humeaba escapando por sus silenciosos labios rojos de carmín tras la corta carrera que sus tacones permitía tras aquel autobús puntual que no las esperó. Y allí a solas en la oscura parada se miraban sorprendidas por el mutuo esfuerzo inútilmente realizado. La fría noche sobre sus peinados no les daba ni un segundo de tregua, cargada de sobresaltos y aventuras.
Habían consumido todo el horario comercial de la ciudad despreocupadamente detrás de todo tipo de prendas, a contrarreloj comprando en una imperiosa necesidad rebajada hasta el cincuenta por ciento.
Mentalmente recorrían de nuevo todos los dorados escaparates y tiendas de moda por las que pasaron, desde las zapaterías pasando por boutiques hasta las sombrerias, recapitulando donde malgastaron ese ínfimo instante que las había dejado colgadas con todas sus bolsas. Se negaban una a la otra sin decir palabra por ser mas lenta en decidirse por esto o por aquello, por comparar uno u otro precio, sin comprender que el peso que agarraban en sus delicadas manos era el principal culpable de su retraso.
Adivinaban por las marcas rotuladas sobre las bolsas multicolores el contenido de cada una de ellas en un ridículo juego sin fin, pero siempre acababan por echar en falta alguna cosa, algo sin importancia, como todo lo demás. Tickets de compra y boletos de un valor por debajo del normal, gangas de temporada, toda una oportunidad que no podía dejarse escapar, pero el autobús ya no se veía por ningún lado.
Esperar agotadas tras una fatigada tarde de trabajo de aquí para allá a un nuevo coche que no pasaría hasta la siguiente mañana. Inconscientes de su mala suerte que las relegaba a una paciencia sin fruto pues aquel era el último de la línea para su casa. ¿Qué podían hacer salvo esperar rodeadas de múltiples paquetes?
Incapaces de resolver el regreso, hicieron aquello que su instinto más primitivo les indicaba, porque la respuesta no estaba en sus bolsos, sus vaqueros, sus camisetas, sus tangas ……
” ¡ Mamá! El autobús no nos ha esperado. Te esperamos en la parada" |
|
|